Demuestra lo que sabes para pedir lo que vales

Demuestra lo que sabes para pedir lo que vales

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Qué fuerte me resultó esta frase: “Demuestra lo que sabes para pedir lo que vales”, que me hizo pensar en las dimensiones necesarias para hacerla realidad. Así que, en esta frase de impacto, voy a realizar un ejercicio que hacía tiempo no me tomaba en la oportunidad y en el interés: desmenuzar.



Demuestra lo que sabes para pedir lo que vales

  1. ¿Qué implica poder demostrar algo respecto de nosotros mismos?
  2. Ser consciente de lo que sabemos
  3. Saber pedir
  4. ¿Qué valor tenemos?

Sobre la base de esta breve enumeración, vamos a desarrollar esta interesante y energizante frase.

¿Qué implica poder demostrar algo respecto de nosotros mismos?

Llegamos al mundo material sin más que una experiencia espiritual, y para avanzar en el mundo del ego, necesitamos olvidar. De modo que, en la vida que elegimos y las pruebas que vendrán, llegamos literalmente desnudos y sin experiencias.

Sin embargo, desde el primer momento, nos enfrentamos a retos que nos impactan los sentidos de una y otra forma, sin espacio para detenernos.

Cuando la consciencia nace, y somos capaces de diferenciar entre nosotros, el resto y sobre todo autoevaluarnos, comenzamos a entender conceptos como el error, los aciertos, el esfuerzo, logro, éxito, y más.

Entonces, el delicioso afán por demostrar comienza en un análisis mental: partimos desde la nada y logramos “ene cosas”. Muchos se quedarán en vivir la vida de los demás, o la que alguien le dice que viva, otros, vivirán para sí mismos.

Sea como sea, podemos vivir el espejismo de demostrarnos algo para nosotros, sin libertad de por medio, o en el ejercicio pleno de una decisión, que sabemos exigirá de nosotros muchas cosas, pero por sobre todo tres: coherencia, madurez y resultados.



Ser consciente de lo que sabemos

Voy a mencionar al azar algunos eventos que impedían ser consciente de lo que sabía, antaño.

  • Estar permanentemente ocupado.
  • Aceptar que muchas personas no valoren mi trabajo.
  • Tener miedo del “qué dirán”.
  • Dejar que “conceptualicen” mi definición personal acerca de mi mismo.
  • Sentir que no podía decidir y tomar acción.
  • Pensar en el dinero como un problema.

Podemos ser capaces de saber mucho. Intuimos todo el tiempo. Por dentro, estoy seguro, somos una máquina orgánica de sabiduría, que se conecta de un modo no comprensible, con la inteligencia universal y, aunque a muchos esto les pueda parecer ridículo, en realidad, una actitud burlona es solo muestra de una gran ignorancia al respecto.

Y otro motivo más, para entender que si no nos damos cuenta, viviremos en la ignorancia, y no en la maravillosa e idílica sumisión al conocimiento propio, a ese que podemos ser capaces de crear y construir todo el tiempo.

Y de eso se trata, necesitas libertad, ejercicio, tiempo, pasión, capacidad para enfrentarte a los demás, autoconfianza, valor real interno y externo, capacidad para romper la certeza, con dudas coherentes y seguir adelante en medio de las dudas, aunque todos piensen lo “de siempre”.

Saber pedir

El día que naces, pides ser cubierto y lo haces a todo pulmón. No hay momento más efectivo porque además, todos esperan que lo hagas, ya que, si no lo hicieses, habría problemas serios contigo. ¿Entonces? ¿En qué momento perdiste esa capacidad? Desde que pedir se convirtió en algo mal visto, te lo instalaron en la cabeza, te bloquearon el aprendizaje y te dijeron que si pedías, era por que no tenías y no tener, está muy mal.

Para empezar, no tener no es malo, aunque sí un tema que desarrollaremos después.

Segundo y más importante: saber pedir, puede llevarte al éxito y ayudarte a llevar al éxito a mucha gente de tu alrededor. Las grandes obras, se han solicitado tantas veces que se hicieron viables, los empresarios globales más famosos que puedas imaginar, han pedido lo mismo tantas veces, hasta que lograron alcanzar sus sueños.

¿Y tú por qué no puedes sentir que puedes ser capaz de pedir lo que mereces? Por que un “pensamiento ancla” se ha instalado en tu mente y te niega esa posibilidad, así de simple.

¿Qué valor tenemos?

Siempre que pienso en esto se me dibuja una película de dimensiones múltiples:

  • La parábola del padre y el billete arrugado que vale lo mismo a pesar de inclusive estar sucio e inclusive ligeramente roto.
  • Mi hijo, amándome a pesar de mis errores.
  • Mis errores, enseñándome tanto en la vida, a costa de tiempo, esfuerzo y muchísimo dinero mal invertido.

¿Cuánto valemos? Sólo se que no es un factor comparativo, lo que determina cuánto valemos. Pero sí, que muchos pensamientos errados, nos hacen sentir, que por el hecho de existir alguien en “mejor posición o posibilidad que nosotros”, nuestro valor entra en duda o se descalifica.

Tenemos el valor de nuestra experiencia, siempre y cuando, haya valido la pena vivirla, y hayamos hecho algo positivo con ella.

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¿Cómo encarar aquello de “demuestra lo que sabes para pedir lo que vales”?

El primer consejo que te puedo brindar emprendedor, es que te enfoques primero en el nivel interno en tu vida. Todo lo que te ayude a revisar tu experiencia de vida hasta este momento va a ayudar. Respira, perdónate, expresa un sentimiento y comienza a tomar decisiones importantes, buscando no repetir errores y considerar aprendizajes.

La creación de valor, es un compromiso con resultados, cuando tienes claro que falta y la decisión o camino, es personal y propia, además. No olvides añadir orgullo y pasión por lo que haces.

Luego, que nadie te quite la capacidad de crear sin limitaciones, se soñar sin limitaciones y de materializar aquello en lo que crees con firmeza. En esas capacidades están tus verdaderos retos y detonantes de éxito.

El resto solo será un tema de conexión con tus deseos. Aprenderás que puedes pedirle al universo, con emoción, elegir por dónde ir, y tomar con responsabilidad cada paso a paso que te lleve a destino.

 

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