La eficiencia está estresada y la capacidad se duerme

Eficiencia estresada y capacidad dormida

Estresados y dormidos

Un día de éstos, que no les sorprenda que nos quedemos casi todos dormidos, agotados y con las calles vacías o quizá, tan sólo con quienes sí saben vivir sin desperdiciar sus energías. Lo pensé mientras sentía una enorme necesidad por detenerme, descansar y cerrar los ojos; asunto que por cierto no pude concretar. A veces hay días en que pienso… “¿Seré el único que siente que es demasiado cuando casi no hago nada o debería hacer más?” Probablemente. La pregunta de fondo es si acaso seré uno de los tantos que se exigen mucho más de lo que realmente podemos dar, y luego, sufre del costo por hacerlo, digamos, cada tres o cuatro días.

Despiertos sí, pero durmiendo en silencio

Este es el problema silencioso que muchos trabajadores y emprendedores “disfrutamos” a causa del nivel de actividad laboral a la que nos enfrentamos. Un estado agazapado que nos pasa la factura en el cuerpo, utilizando diferentes tácticas para manifestarse: excesos en los exámenes de sangre, excesos de grasa en el cuerpo, costumbres de consumo que no ayudan (como fumar y comer a cualquier hora), dolencias en los huesos (como en la columna) y problemas de índole visual; todos juntos o por separado, durante largos lapsos de tiempo, que carcomen poco a poco nuestro organismo; sin tomar en cuenta que también nos va regular con los sinsabores psicológicos, producto de lo anterior o por el simple hecho de vivir rodeados de estrés.

¿El estrés se ve por todas partes?

Cuando salí a la calle, el día que pensaba sobre esto, observé gente cansada, ensimismada, callada, caminando con la mirada sobre el piso, dormida en los asientos de los omnibuses, encerrada en la música estridente de sus celulares, mirando por la ventana sin parpadear, gente pensando y pensando, parejas sin conversar, de la mano o sentados haciendo algo como comer, sin ganas. Luego visité a dos clientes, el primero de los cuales lo hacía para dar una charla. Y tengo claro que cuando uno anda entrenado en levantar el ánimo a pesar del cuerpo, es más sencillo, pero ir a trabajar cansado mirando desde la puerta de ingreso “todo lo que pasará”, con la mente en blanco, o quizá llena de mil quinientos problemas, no es fácil. En el segundo cliente, tuve la oportunidad de, leer en la sala de espera, mientras llegaba la hora de la reunión. Oportunidad que me ayudó a observar que durante dos horas, sólo 2 veces cuatro personas interactuaron desde sus asientes, bueno, en realidad sólo dos de cuatro que yo seguía atentamente.

Todo lo anterior ocurrió aproximadamente, hace dos años… ¿cómo estaremos hoy?

Con tanta información en proceso, con tanto estrés, con tantos productos nocivos, con tanta falta de integración, con tanta ausencia de valores, con tantos mensajes dando vueltas y modificando nuestro entendimiento, a cada minuto, con tanta ausencia de relaciones físicas, conversaciones, palabras de aliento, abrazos, sonrisas, entre tantas cosas maravillosas que le podemos imprimir a la vida, quizá nos convirtamos en aquellos personajes que mi pequeño hijo ve divertidos: Los Zombies. 😉 Únicamente, espero que no decidamos dejar de salir a enfrentar el día, todos al mismo tiempo y entonces la pesadilla cinematográfica postulada en ya varias películas, llegue a la realidad. 

 ¿Incluirá todo lo narrado algún síntoma válido como para aprender a detectarlo?

No debiera ser complicado saber que en el grupo al que pertenecemos (amigos, familia, barrio) o en el trabajo (sea temporal, permanente, de largo horario o corto), puedan detectarse síntomas que demuestran la presencia del estrés en nuestras vidas. Muchos de los síntomas se manifiestan en la forma como abordamos el relacionarnos con los demás. ¿Por qué? Principalmente por que el estrés domina la posición de quien lo sufre, buscando aislamiento para evitarlo, o buscando conexiones para expulsarlo. Y les diré que pensando y expresando esto, algunas mujeres me han referido que el estrés “se bota” en el gimnasio o en el spa, y claro, pero en realidad no se bota, se niega, o reemplaza temporalmente por algo tan de corto plazo como la intensión de aislarlo. Al menos ello es lo que muchos practicantes de aquellas dinámicas refieren cuando se dan cuenta que regresando a la oficina, o al lugar de donde lo adquieren (que puede ser físico o mental) vuelven a cargarse de tan imposible padecimiento.

¿Qué más podemos hacer? ¿Existen soluciones coherentes a la mano?

Pienso que lo que nos resta por hacer es determinar primero, una estrategia adecuada que incluya aspectos de control del corto plazo y una frontal actitud frente al largo plazo. Además, creo en la necesidad de dejar de enfrentarse al estrés, por una razón primordial: todo lo que lo produce está fuera de nosotros, no vino en el “paquete humano”, pero está allí esperando entrar. Dado ello, al parecer todo tipo de soluciones pasa por no dejarlo entrar o dicho de otro modo, hacer que resbale. Desde ese punto de vista, las personas, emprendedores, trabajadores, deben mirar con otros ojos los condicionamientos que se auto-imponen en la vida familiar, laboral y personal, para poder enfocarse en algo simple y complejo al mismo tiempo: saber vivir.

Campaña Anti-estrés

En Overflow hemos dado inicio a una campaña frontal contra el estrés visitando empresas y organizaciones interesadas en conocer las técnicas y los razonamientos anti-estrés, vivir a plenitud la eficiencia y rectificar el diseño de sus entornos, con el objetivo de sembrar un mayor nivel de felicidad, conducente a un mayor nivel de armonía y trabajo en equipo. Si lo desean pueden consultarnos para hacerles llegar una propuesta formal al respecto.

Y sobre el estrés y el control de tu vida, piénsalo cuando amanezcas mañana, en el fondo es una decisión de todos los días.

Éxitos!
Cuente con nuestro equipo para ayudarle en su negocio o emprendimiento. ¡Éxitos!

 

Sergio González Marín
Director – OVERFLOW
http://www,overflow.pe
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