Hacer es poder

Hacer es poder

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Estamos acostumbrados a la frase «Querer es poder» a la cual le falta la connotación de acción si la analizamos en un plano de sucesión de eventos. Y no se si para muchos es evidente o no, pero el deseo (el querer hacer) es importante sin duda, para conectar el pensamiento con la acción. Algunos pensarán sin error que,  biológicamente (mejor dicho cognitivamente o cerebralmente) hacemos todo en «orden» para nutrir a la acción. Pero muchas veces primero actuamos, luego pensamos y finalmente lamentándonos, buscamos el «no haber sido capaz de hacer» ciertas cosas que nos llevaron a espacios de decepción. De esto no se trata el tema que aquí me ocupa, a pesar de que debemos tenerlo claro por que es natural y existe.

A lo que me refiero es que en el mundo emprendedor he conocido a «graduados del pensamiento y el análisis» que jamás dan el paso necesario e importante fuera de ese estado de letargo. Las razones por las cuales se detienen (es decir, no llegan a la acción) son variadas, pero podríamos resumirlas en miedo al nuevo estado de experiencias, algo que sin duda, reconozco que puede aterrorizar a cualquiera, pero que no tiene, si lo pensamos bien, bases interesantes para mantenerse.

Entiendo sin embargo, para acotar lo que dije en la introducción de esta entrada, que la existencia de ese tipo de comportamiento, no nos podría llevar a la conclusión de que luego de querer, jamás venga inmediatamente la consecuencia de hacer, sin embargo, es observable y por lo tanto factible de prevenir y señalar como una ausencia de conexión lógica (de todas formas opcional por cierto).

Por otro lado, es importante esclarecer que «Hacer es poder» sí te lleva un paso más allá del estado único e inconexo del pensamiento persistente y previo a la acción, para enfrentarte al campo del logro (como resultado anhelado, producto de esa decisión), que para algunos (y no les falta razón) es el final de un tramo de acción, en el entendido coherente que una vez en la acción, las consecuencias son infinitas.

Vale la pena aclarar que la acción en si misma y en solicitario, también es una tentación cíclica, pues no deberíamos «hacer» todo el tiempo sin detenernos en la reflexión de ese estado o en la decisión o toma de oportunidades que surjan en ese ámbito viviente y de múltiples consecuencias.

Hacer significa abandonar el estado de arrepentimiento que condena al sujeto pensante a dedicarse al análisis del «qué habría ocurrido», hasta ahora única posibilidad de salto o desarrollo engañoso. Hacer te condiciona a encontrar nuevos desafíos, siempre renovadores de impulso, o como mínimo, creadores de nuevos espacios por analizar en forma previa a la acción que siempre deberá llegar.

El movimiento vinculado a la acción siempre, inclusive, es mucho más saludable que únicamente el estado de pensamiento, pues termina nutriéndolo y desarrollándolo.

Y para finalizar, el pensamiento no deja de ser importante, siempre y cuando se le permita materializar (una de sus principales funciones naturales) y no se le implante barreras o negaciones cuando las oportunidades llegan.

Recuérdalo: ¡Hacer es poder!

¡Éxitos!

Sergio González
Director Overflow
http://www.overflow.pe


Boletín Overflow

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