La ética en los negocios

La ética en los negocios

Son tiempos de decisiones complejas de uno y otro lado.

A diario vemos cómo las personas toman decisiones negativas motivadas por diversos factores tales como el poder, el dinero o el deseo de obtener algo fácil a cambio de un mínimo esfuerzo. En los negocios, el mundo está siendo testigo desde hace muchos años (aproximadamente sesenta años) de cuánto valor puede asignársele a los procesos de producción en detrimento de la naturaleza, de cuánto más importante puede llegar a ser el dinero versus la salud, o cómo la justicia esconde las manos para actuar frente a la impunidad con la cual grandes corporaciones dañan a la gente.

Por un lado, están los productos nocivos que se comercializan y han llegado a tener un ejército de fieles consumidores que a sabiendas de que su organismo se deteriora cada día más, su cerebro preso no les da las herramientas necesarias para escapar, y por el contrario, confunden conceptos como el de la libertad individual, la salud social y la salud individual en una sola mezcolanza sin sentido. El cigarro, las bebidas gasificadas, la carne procesada, los chicles, los caramelos, son ejemplos que muchas veces nos pueden haber sonado simpáticos, agradables e inofensivos, pero cuando conocemos de qué están compuestos, o qué procedimientos se utilizan para su fabricación, no sabemos tomar la decisión correcta.

Asimismo, la tecnología y la manufactura de maquinarias, también está ejecutando acciones que son relativamente nuevas en un mercado que ya olvidó que las cosas duraban casi para siempre. Hoy la obsolescencia programada es un hecho aceptado sin chistar. Estamos aceptando que lo que compramos, sí o sí, se auto degrade sin más, en el menor tiempo posible, dando paso a una renovación industrial y tecnológica que es marketeada como la mejor alternativa para el consumidor, y sin darnos cuenta, defendemos las posiciones que al mismo tiempo, nos condenan al consumismo y siembran las bases del abuso que se realiza en trabajadores del mundo de la maquila en favor de poder tener lo último primero que nadie.

El caso de una de las marcas más famosas y transversales de la fabricación de automóviles que habría venido intoxicando a sus clientes y dañando el medio ambiente, ya se enfrío, tanto como el de la farmaceútica que habría retirado productos infectados con VIH de un mercado regulado, para venderlos en otros con mayor flexibilidad y sin controles sanitarios rígidos, curiosamente, ambas empresas del mismo país de origen.

En general, a muchos nos tiene más que sorprendidos, preocupados, tratando de entender en qué momento el dinero se convirtió en el culto más sagrado en lugar del respeto a la vida. Sin embargo, un gran grupo de ciudadanos en el mundo, le da la espalda a esta visión sobre lo que las transnacionales y las corporaciones en general, sin ética, están haciendo.

La ética nos podría dar la última oportunidad.

La ética en los negocios no sólo golpea creando circunstancias duras por resolver en los negocios internacionales de impacto global, a diario, nuestros ejecutivos de alto rango en cada uno de nuestros países, toma decisiones que tienen relación con este vital aspecto, en sus empresas. A diario vemos en los periódicos noticias, como por ejemplo la del daño ecológico que se generó contra Minas Gerais en Brasil, o la campaña anti turística en contra de una provincia Argentina que no le fue fiel, electoralmente hablando, al gobierno saliente. Allí, aunque de diferente modo, se crea daños. En el primer caso, la desaceleración económica y necesidad de abandono de la zona, se estima en una lenta recuperación de 21 años y en el segundo, el impacto en la caída de las ventas por el turismo podría ser un riesgo latente para las familias de recursos moderados que viven del turismo en la región.

¿Qué hacer?

Probablemente, una de las soluciones esté en tomar mejores decisiones en el futuro, emprendiendo una mejor formación de los líderes del mañana. Esos futuros ciudadanos, con un nivel mayor de respeto por la vida y nuestro hogar, que hoy ya están naciendo o que tienen menos de 6 años de edad, son los que necesitan de nosotros la mejor educación hoy. Quizá estemos frente a una de las pocas oportunidades que la naturaleza humana nos brinde, y podamos girar hacia los pequeños ciudadanos para darles un mundo mejor gracias a nuestro rol de madres y padres del futuro.

¡Piénsalo!

Atentamente,

Sergio González
Director OVERFLOW

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